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domingo, 7 de febrero de 2021

Els chiquets de l'arreplegà (Caro Adam 1922)

ELS CHIQUETS DE L’ARREPLEGÀ

Vicent Caro Adam (revista Pensat i Fet, 1922, pàgina 4)

 

-Visantico, trau la corda

 i les estores que tens.

-¿Cuánts som pera l’arreplega?

-Conta i vorás: Tofolet,

 Quico el del forn, Morroprim,

 tú i yo i el fill del fuster.

-¿Huí anirem a per l’astora

 que hiá a l’entrá del patiet

 del tío Cavila?

-Bueno.

-¡Molt ben pensat!

-¡Toca!

-¡Aném!

-¡¡Una estoreta velleta

 pa la falla ‘e San Jusep...!!

-Allí una dona mos crida.

-Ché, feu els sorts i no aneu,

 que l’any pasat ya cridà

 i después de traure ‘l fem

 que tenia dalt del sostre,

 mós donà un pelut desfet

 en més fanc qu’en un sequiol

 i en més forats que un garbell.

-¡¡Una estoreta velleta

 pa la falla ‘e San Jusep...!!

 ¡¡El tío Pep...!!

-¡Ché, es que crida!

-Qu’espere sentá, que anem.

-Puja tú a casa don Pío

 que hiá nyenya de calent,

 pues com la filla se casa,

 ya no vol més trastos vells,

 i te dos catres, un arca,

 un acordeó desfet

 i una mona embalsamà

 que s’ha quedat sinse pel.

-Pucha tú. Yo tinc vergonya.

Poreguita es lo que tens

 iI no vergonya, mocós!

-¡Puja tú, qu’eres valent...!

-Anemsen a per l’astora

 que hiá a l’entrá del patiet

 del tío Cavila.

-¡Aixó!

-¿I si l’agüela mos veu?

-No t’achantes, Morroprim.

-¿Yo, achantarme?

-¡Ché, cantem!

-¡¡Una estoreta velleta

 pa la falla ‘e San Jusep...!!

 ¡Agarra l’estora i pira!

-¿I s’ix la tía, redell?

-¡Afánala i pica sola!

 ¡¡...........!!

-¡Deixa l’astora, pillet!

 ¡¡Agarreulo!!

-¡Guiri!

-¡Guiri!

-¡¡Agarreulo!!

-¡Mala pell!

-¡Ay, mare!

-¡Calla, granuja!

-¿Eixa estora d’aón l’has tret?

-¡¡Asoltem... monosipal...!!!

-Allí en l’Asilo vorem.

¡Asoltem...!, ¿per una astora...?

 ¡Asoltem... no hu faré més...! 

lunes, 19 de octubre de 2020

El Paseo Marítimo

EL PASEO MARÍTIMO

por Antonio Sanchis Pallarés


El Paseo Marítimo de Malva-rosa-Cabanyal es un fenómeno inédito: ha dado respuesta a un proyecto que se puede llamar de sentido común. Ahora está ahí y se puede decir que ese proyecto es nuestro, que ya pertenece al pueblo, al “común”. Pero no fue así desde el principio, porque en realidad ese proyecto no existía, no se contemplaba en los despachos del Ministerio de Urbanismo. Ahora parece difícil de asimilar, pero el caso es que, en los planes de Joaquín Garrigues Walker, Malva-rosa y Cabanyal no eran más que un fragmento de una autopista que, partiendo de Puçol, se apoderaría de nuestra costa cubriéndola de cemento y, atravesando el puerto por un puente aéreo, llegaría hasta El Saler.

 

Pero este proyecto se frenó, escribiendo con ello una página rara de la historia: una página en la que podía y puede leerse que una cosa que al pueblo le parecía de sentido común   también al Gobierno le pareciera de sentido común.

 

Aunque al sentido común no le pusieron la alfombra roja, sino que para abrirse paso tuvo que andar por muchos caminos pedregosos y derribar algunas torres. Se puede afirmar que el primer paso en esta batalla se dio en la Asociación de Vecinos de la Malva-rosa, que el día 10 de enero de 1980 tuvo la primera noticia del proyecto de autopista, que unos funcionarios del MOPU les presentaron en sus locales, convencidos al parecer de que la Asociación aprobaría el proyecto. No fue así, sino que la Asociación puso en juego todos sus escasos recursos para dejar claro su rechazo. Pues no bastaba con que el Ministerio nos endulzara el proyecto como un medio de poner algo de orden en ese tramo de costa y situarnos en lo que ellos podían considerar “modernidad”. 

 

La primera medida que tomó la Asociación fue informar a los vecinos, y eso se hizo en unas fechas muy críticas: precisamente el 29 de junio de 1977 había fallecido un niño por haberse bañado en esa playa a la que constantemente habíamos denunciado como infectada. Como protesta por esa tragedia, el 8 de julio se había montado una gran manifestación ante la casa del concejal Pascual Lainosa. Pero se daba la casualidad de que ese día el concejal estaba inaugurando la Feria de Julio y preparando la visita que el sábado día 9 -para asistir a la conmemoración de los actos de la muerte de Jaime I- haría el Rey al Monasterio de El Puig.

 

                Acompañando al Rey, vendría a Valencia Joaquín Garrigues Walker. Éste estrenaba Ministerio, al que se le había añadido nueva competencia: Obras Públicas y "Urbanismo". Garrigues parecía ser el destinatario más adecuado para recibir nuestras quejas. De modo que allí mismo, en la esquina de la Avenida con la calle Lanzarote, ante centenares de vcinos, se leyó el texto de una carta fundamental que todos aprobaron y que se publicó en el boletín extra de la Coordinadora que salió el 28 de julio:

 

"Sr. Ministro: Su Ministerio ostenta un nuevo nombre: Urbanismo. Queremos que su gestión también sea nueva, en clara ruptura con un pasado que ha sido nefasto para los barrios populares.

 

De entre los numerosos problemas que tenemos, ahora le presentamos el más acuciante: la infecta acequia de Vera, que vierte todas sus aguas en la playa de la Malva-rosa. Ésta sería una de las mejores playas del Mediterráneo, y así se convierte en una verdadera porquería, foco de innumerables infecciones: tifus, hepatitis, disenterías...

 

Además, la desastrosa situación sanitaria de la zona favorece otro tipo de infecciones, como la meningitis, de la que ya tenemos dos casos mortales: el último, un niño de ocho años, muerto el pasado 29 de Junio.

 

En lugar de resolvernos el problema, el Plan 13 que afecta a nuestro barrio agrava la situación. Existe un proyecto muy adelantado, según decretos del Boletín Oficial de la Provincia del 24 de marzo de 1977, de hacer pasar una Autopista, desviación de la del Mediterráneo, a lo largo de nuestra playa.

 

Ante todo esto, nosotros nos preguntamos: ¿Van a cubrir, sanear y depurar la acequia de Vera y todas las acequias y vertederos que infectan nuestros barrios y playas? ¿Se va a anular el proyecto de la autopista por nuestras playas, y en su lugar crear un Paseo Marítimo?

 

Creemos que su Ministerio debe marcar otras directrices dedicando una atención preferente a los barrios populares. De lo acertado o desacertado de su gestión dependerá el apoyo o la repulsa de los vecinos".

 

                A partir de aquí, la Asociación y la Coordinadora inician una nueva campaña por el rescate de las playas para el pueblo valenciano: limpieza efectiva, depuradora y eliminación del proyecto de autopista: algún viajecito a Madrid, bastantes discusiones con los Ayuntamientos de Ramón Izquierdo, de Fernando Martínez Castellano y Ricard Pérez Casado. La cuestión ya no afectaba solamente a los poblados marítimos sino a toda Valencia y, efectivamente, amparados por una reciente coordinadora de Asociaciones, Malva-rosa encabezó una amplia campaña dirigida a todo el pueblo valenciano, al que se pasó, para la firma de adhesión, un sencillo y rotundo manifiesto. Entre otros, lo firmaron Manuel Broseta Pont, María Consuelo Reina y Vicent Andrés Estellés.

 

                Con todo este movimiento, la playa quedó asegurada para el pueblo. Lo lamentable es que en 1986 se perdió la playa de Natzaret. Pero eso es harina de otro costal.

lunes, 6 de julio de 2020

El chalet de Blasco Ibáñez

El chalet de Blasco Ibáñez
por Antonio Sanchis

Además de su exuberante obra literaria, Blasco Ibáñez representa en Valencia la lucha por la República, a la que intentó cimentar atacando de frente las ideas asentadas sobre los dos pilares monolíticos "de toda la vida": monarquía y catolicismo.
               
                Perteneciendo ya desde muy joven al Partido de Pi y Margall, una de sus primeras actuaciones es su intervención como orador en un mitin federal celebrado en un casino republicano de Vilanova del Grau, quedando allí definitivamente enrolado para actuaciones posteriores.
               
                Con el tiempo, Blasco consolida su ideario basándose en El Pueblo, en cuya redacción trabaja noche y día, y en la que redacta Arroz y Tartana y Flor de Mayo.,

A Blasco le gustaba la playa, aunque no por sus aspectos lúdicos o turísticos, sino precisamente por lo contrario: lo que Blasco buscaba en la Malva-rosa era la soledad, la tranquilidad para descansar y para crear.  En su tiempo,
para "llegar hasta allí, después de dejar el trenet en la estación de la Cadena, debe caminarse fatigosamente alrededor de un kilómetro sobre arenales o bien por la orilla del mar. Este alejamiento le parece suficiente a Blasco para adquirir la soledad que apetece".

Es por la zona donde pudo organizar alguna comida de fraternidad, ofreciendo a literatos amigos una espléndida paella a la que acudió doña Emilia Pardo Bazán.

Algunos veranos ya había alquilado un chalet en la zona, pero en 1902 consigue ver cumplido uno de sus sueños: el chalet de la Malva-rosa, desde el que, en la distancia, podía oírse la campana del lejano hospital de San Juan de Dios.

Es de resaltar la alegría que tuvieron Blasco y Sorolla, que prácticamente se consideraban hermanos, al encontrarse en la playa, dedicados a reflejar la vida marinera de la época, uno con su pluma y otro con sus pinceles.

Es en esta época, concretamente en la campaña para las municipales de 1901, cuando Blasco plasma en su programa una de sus principales ideas urbanísticas:

Es conveniente llevar a cabo el proyecto del boulevard desde el antiguo jardín del Real a los poblados marítimos. Valencia tendrá un nuevo paseo, una verdadera calle moderna, semejante a la Avenida del Parque de Bolonia en París, o la Castellana de Madrid, y la parte más extrema del Cabañal se uniría a la ciudad por un camino más corto.

Azulejo original del antiguo chalet de Blasco Ibáñez


Como parece ser inevitable en los politiqueos, los enemigos de Blasco se ceban contra él, calificándole como el Sultán de la Malvarrosa.
               
                Ante esto, Blasco adopta una decisión muy propia de su carácter: abrir a todos los visitantes las puertas del chalet, para que pudiesen ver la auténtica realidad con sus propios ojos. Las visitas reaccionaban de distinto modo según su filiación política. Las gentes del partido que acudían saciaban su pasión por Blasco echándose en las camas y revolcándose en sábanas y mantas... Los visitantes enemigos subían sobre la gran mesa de mármol de la galería y se marcaban un zapateado.

El caso es que Blasco sale herido tras una serie de combates políticos, emprendiendo la aventura de Argentina y de Norteamérica, pretendiendo incluso deshacerse de todo cuanto le ligue materialmente a Valencia; incluso del chalet de la playa. Pero María, su esposa, se opone:

                - "¡No! ¡La casa frente al mar, no! ¡La Malva-rosa, no!", con un grito que no era una súplica, sino una decisión formal de la que todavía mantenía la propiedad el chalet.

Y mientras Blasco, desterrado republicano, centra su vida en Francia, María sigue viviendo en la Malva-rosa, haciendo amistad con los fundadores de La Carmela y viendo cómo a toda esa primera línea de playa se le asigna durante un tiempo el nombre de María Blasco.

Luego, ya se sabe, un nuevo régimen relega al ostracismo a Blasco y a todo lo relacionado con él. Durante la guerra, su chalet sirve para albergar a niños que huyen de los bombardeos de Madrid. Y con el triunfo de los que se sublevaron contra la República, el chalet es incautado por el nuevo régimen y se usa como Escuela de Flechas Navales.

Después de unas largas peripecias, la lógica se impone y se restaura el chalet, recuperando así el legado de nuestro más emblemático literato y político.


BIBLIOGRAFÍA A CONSULTAR:

SANCHIS PALLARÉS, Antonio: Historia de la Malvarrosa (nacida del agua). Ayuntamiento de Valencia, 1994.

lunes, 15 de junio de 2020

lunes, 1 de junio de 2020

Trajes de Baño en el siglo XIX


TRAJES DE BAÑO EN EL SIGLO XIX
Por Rafa Solaz

Desconocemos si existían las primitivas barraquetes o casas de baños desde el inicio de la tradición del veraneo, ya que quizás los valencianos acudían a las playas con sus trajes de baño o quizás se cambiaban de manera más o menos disimulada una vez llegados allí. Lo que sí parece cierto es que las primeras instalaciones para cambiarse de ropa son construcciones efímeras de cañas, palos y ramaje, quizás debido a que era material que se encontraban en abundancia por la zona. Se tapaban con improvisadas telas de lino para protegerse del sol y para evitar las miradas de los curiosos mientras se cambiaba de ropa.

Parece ser que cuando se tiene constancia de les barraquetes, se utilizaban para que las mujeres de cambiaran de ropa y ponerse en paños menores, aunque no podemos decir que fuera muy adecuada (desde el punto de vista actual) para tomar el sol o un baño. Se quedaban o ponían “una especie de ropa interior que ni siquiera se podía llamar traje de baño y que cubría absolutamente todo el cuerpo, de los pies a la cabeza.

Según la moral de la época, “Los baños de las señoras, que debían ir cubiertas al menos con camisa, no podían ser presenciados por varones, ni aún siquiera por los maridos. Los hombres debían utilizar para el baño calzones de color blanco y no otra cosa que ofendiera el pudor, estableciéndose multas de diez libras para aquellos que incumplieran estas normas.” En el cambio del siglo XVIII al XIX, existía una clara separación de sexos a la hora de tomar el baño.

A mediados del siglo XIX, los trajes de baño “daban un aspecto chocante, como personajes salidos de un convento de frailes, con aquella bata holgada, de lana o de algodón, algunas hasta con cola, cubriéndose la cabeza con el insustituible y enorme sombrero de palma.”. Pretendían cubrir al máximo la curiosidad por el cuerpo humano, pero cuando entraran en el mar y el agua les mojara, dejaría más a la vista las curvas del cuerpo… En esta época, “estos bañadores dieron paso al traje con calzón ceñido al tobillo y la chaquetilla o falda marinera. Los bañistas continuaban vistiendo largos trajes con rayas horizontales y se exponían al sol lo menos posible. Las mujeres, sobre todo, los llevaban con esclavinas muy holgadas, y hasta un gorro en la cabeza adornada con algún lazo coquetón.

Para ampliar más sobre el tema:
Solaz Albert, Rafael (2006): El Marítim. Paseo costumbrista a través de antiguas tarjetas postales.

viernes, 8 de mayo de 2020

ORIGE DE LES FALLES


ORIGE DE LES FALLES

Sobre este punt han donat molts la seua opinió; ¿per qué no he de donar yo també la meua?

                En Valencia dura l’ivern poc. En cuant promedia el mes de Mars, incomoden en moltes cases els trastps, estores y paraments qu’el us ha envellit. Si no hagueren falleres hauria que inventarles pera acabar en tals estorbs. Y, en efecte, s’inventaren. ¿Cuánt? No ho sé; tal vegá a principis del segle pasat; molt avans, quisá.

                Algú vehí de bon humor. Y com l’esperit d’imitació es tan intens, en cuant u va encendre la foguera un’atre picaria la pedra de foc y un’atre comensá a tirar per la finestra els derringlats ensers... Una verdadera divertició nocturna, pròpia dels trasnotjadors –no a atres hores degueren consertirla els señors del Concell, que reclamava, per consegüent, la vespra d’una festa.

[...]

NOTA: Texto publicado por Josep Martínez Aloy, en la revista Pensat i Fet, 1914, pàgina 3.

lunes, 13 de enero de 2020

HIÁ UNA ESTORETA VELLETA...?


HIÁ UNA ESTORETA VELLETA...?

TOTS els hem vist. Es la gicalla da sempre, que cuant San Joseph s’acosta recorre incansable els carrers de Valencia escampant alegría y joventut en este crit típic, reblit de tradició.

Yo admire eixa colla procesional, que va a 1’arreplega de la estoreta velleta en un inconcient fervor, al que l’espenta la seua sanc valenciana y la seua ánima infantil moldejá en l’ambient popular.

M'admiren y m’alegren el còr, perqué porten a mí el ressò anyoransat de una infantesa qu’em fá aspirar 1’aroma del meu pasat, tan dols, tan felís, plé de carcallaes y de vida...

Seguíu, giquets, seguíu cridant, y que a vostre crit despèrte Valencia ses dormides energies y vullga ser, con té dret per 1’orige, per 1’espirit y per 1’Història, un póble respetat, y gran, poderós y admirat, sabi y artiste.


NOTA: Texto publicado por EDUART ABARCA, en la revista Pensat y Fet 1912, página 16.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Antoni Serer Reguart


ANTONI SERER REGUART

Antoni Serer Reguart nació el 22 de septiembre de 1940 en la calle Navardera, del Grau, muy cerca de la Escalera Real.

Empezó sus estudios artísticos a los 13 años, trabajando con su padre que era pintor mural.

En 1953 comenzó en la escuela de artes y Oficios de la calle Gil y Morte, trasladándose después al barrio del Carmen. Hizo prácticas de retratos en la escuela Barreira y de desnudos en el Círculo de Bellas Artes.

Ha llevado término exposiciones en Valencia, Castellón, La Coruña, Torrevieja y Locristi-Gante (Bélgica).

Entre sus obras destacan las naturalezas muertas, retratos, marinas, pallasos o motivos graueros como el Cristo del Grau. Hay que nombrar la ilustración de la Enciclopedia Valenciana, la expuesta en el Palacio de Dos Aguas, el Palleter y Las Cuevas de Benimàmet.

Murió en 2003. Siempre iba en bicicleta con su perro a su estudio en la avenida del Puerto.

Fue fundador de la comisión fallera Arquitecto Alfaro-Francisco Cubells en 1973. A la entrada del casal hay un mural suyo realizado en el año 1982.


NOTA: Este personaje fue presentado por la comisión fallera Arquitecto Alfaro-Francisco Cubells en Lo Cant de l'Estoreta Velleta de 2004.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

110 historias del Levante U.D.

110 HISTORIAS DEL LEVANTE U.D.
José Vilaseca Haro



Hace pocos días, nuestro colaborador de este blog José Vilaseca, realizó la presentación de su último libro '110 historias del Levante U.D.', en donde en 242 páginas, hace un repaso a la historia del club íntimamente relacionado con el Marítimo, en forma de relatos cortos cercanos, repasando hechos y personajes.

Sinopsis:
¿Y dices, abuelo, que tuvimos un entrenador-jugador al que llamaban Trencatobillos? ¡Y tanto! Juanito Puig, un fenómeno. Aunque no envió a nadie a la caseta con el tobillo en la mano... ¿Fue el que dio el centro con el que ganamos la Copa de la República? ¡No, hombre, ese fue Agustín Dolz! Por eso, en el fondo, gritamos: ¡Bombeja, Agustinet! Menudos jugadorazos, ¿siempre ha sido así? Uy, no creas. Hubo uno, que acabó comiendo chupa-chups, que casi nos arruina. ¡Y otro que se comió un supositorio! ¡Eso te lo ha contado tu padre, que es choto! También me ha dicho que jugasteis un año en Mestalla... Y así, anécdota tras anécdota, se acercan al estadio. Ciento diez años de yunque de la adversidad, de senda de los elefantes, que se borran de un plumazo cuando ese niño sonríe al escuchar las historias que le cuentan, y que forman parte de una Historia mucho más grande y fascinante. Bienvenidos a 110 historias del Levante U.D.

¡¡¡ENHORABUENA!!!

lunes, 25 de noviembre de 2019

El aeródromo de la Malvarrosa

EL AERÓDROMO DE LA MALVA-ROSA
Por Toni Sanchis

Difícil de imaginar, pero un hecho completamente cierto: la Malva-rosa se constituyó en campo de pruebas para el desarrollo de lo que llamaban la nueva ciencia de la navegación aérea. Ningún terreno más a propósito en València que esos tres kilómetros de pista desierta sobre la arena de la playa.

Después del primer intento frustrado que Olivert hizo junto al cuartel de Paterna, con un aeroplano a la velocidad de 60 kilómetros por hora durante treinta metros, el primer domingo de septiembre de 1909, la considerada primera exhibición pública tuvo lugar en la Malva-rosa, a cargo del aviador francés Mr. Julien Mamet. Siendo profesor de aviación en la escuela de Pau, fue contratado por los organizadores de la Exposición Regional para hacer una exhibición en la playa de la Malva-rosa, el 23 de mayo de 1910.

A todo lo largo de la playa se había acondicionado una pista de vuelo, vallada por sus extremos y con un hangar a unos 500 metros del chalet de Blasco Ibáñez. Llegado el momento, Mamet se sentó a los mandos del aparato Bleriot XI, con fuselaje de tubos de acero y alas de tela en un bastidor con tirantes de madera de fresno, avanzando en dirección a Las Arenas. Se elevó con rapidez y suavidad y, al llegar a la altura del balneario, viró hacia la izquierda adentrándose en el mar y volviendo de nuevo hacia Alboraia donde viró de nuevo, sobrevolando el chalet de Blasco para enfilar la pista de "aterrage". La gente estaba realmente asombrada, y dedicó al piloto constantes y estruendosas ovaciones. Este primer vuelo duró unos nueve minutos. El monoplano de esta primera prueba aérea, con la que se estrena la aeronáutica en Valencia, se conserva todavía como una joya en el Museo del Aire, en Cuatro Vientos, junto al autogiro de La Cierva.

A estas exhibiciones siguieron otras, que cada vez eran seguidas con más interés por toda Valencia. Un punto culminante de estas exhibiciones fue el llamado raid aviatorio de 1911, organizado con motivo de la Feria de julio. El día 29, desde las cuatro de la madrugada empezó a llegar gente, pagando cinco pesetas por la entrada al recinto. De los tres participantes, el primero que emprendió el vuelo fue Le Lasseur, que, a los cien metros del inicio de la pista, situado junto al chalet de Blasco, se elevó majestuosamente, acompañado por los siseos y los gritos de admiración de la multitud. Los otros dos participantes no culminaron el raid, pero Le Lasseur pudo aterrizar en Alicante tras una hora y 50 minutos de vuelo. Al día siguiente, regresó a la Malva-rosa, empleando casi el mismo tiempo: una hora y 54 minutos.

A partir de entonces, y hasta la inauguración en 1932 del aeródromo de Manises, la playa de la Malva-rosa fue el auténtico campo de aviación de Valencia.

El que realmente dio vida al aeródromo de Malva-rosa fue Alfonso Alarcón Artal, con su biplano de segunda mano "Havilland Moth", a quien bautizó como "Avión Valencia". En Malva-rosa construyó Alarcón una caseta-hangar, desde la que emprendía, con su mecánico Fermín Llopis, vuelos de propaganda, festivales aeronáuticos y viajes como aero-taxi a Castellón, así como vuelos alrededor de la ciudad al precio de 25 pesetas. Solo o acompañado, si el tripulante tenía agallas, a Alarcón le gustaba dar pasadas rasantes por los Viveros los días de fiesta.

sábado, 23 de noviembre de 2019

Bocetos de las Fallas 2020

Los bocetos de las Fallas que vamos a plantar en Blocs Platja este ejercicio 2019/2020:

Falla Grande. Artista Rafa Cheli. Lema: "No me faronetges". Sección 4ªA

Falla Infantil. Artista Borja Lorente. Lema "El meu món". Sección 4ª

lunes, 7 de octubre de 2019

Mariano Cuber


MARIANO CUBER
por Javier Mozas

Mariano Cuber Sagols fue un político valenciano de carácter republicano, que perteneció al Partido de la Unión Republicana Autonomista (PURA).

A principios del siglo XX, colaboró con el diario El Mercantil Valenciano, y poco después entró como Concejal del Ayuntamiento de Valencia, comenzando una prometedora carrera política. A principios de 1907 dimitió el alcalde Sanchis Bergón, y Cuber se hizo cargo de manera interina de la Alcaldía durante unos días, volviendo a su cargo de Concejal tras el nombramiento del nuevo Alcalde. Más adelante, de nuevo, el Alcalde Faustino Valentín, dimitió a finales de 1918, convocándose elecciones para el 1 de enero siguiente. Mariano Cuber se presentó a Alcalde y ganó la votación. Pero sólo pudo estar en el máximo cargo municipal unos meses ya que, en el mes de marzo de ese mismo año 1919, tuvo que dimitir por la huelga general que se estaba preparando.


Mariano Cuber (imagen de la Wikipedia)

Continuó muy vinculado a la política, de manera que durante el período de la II República, fue situado de nuevo en las primeras líneas. En ese momento militaba en el llamado Partido Republicano Liberal Demócrata, dirigido por Melquiades Álvarez, y fue llamado a ocupar la Subsecretaría de Estado de Instrucción Pública en mayo de 1935.

Entre sus obras publicadas, destacan el ensayo crítico Antisocialismo (editorial La Gutenberg, Valencia, 1933), y su obra cumbre Melquiades Álvarez, el orador, el hombre, el político, sus ideales, su consecuencia (editorial Reus, Madrid, 1935), considerada el programa político del melquiadismo, en el que se propugnaba el no intervencionismo estatal, como la economía y la cultura.

Mariano Cuber falleció en 1956.

PARA AMPLIAR INFORMACIÓN:
Paniagua Fuentes, Javier; Piqueras, José Antonio (2005): Diccionario Biográfico de Políticos Valencianos, 1810- 2005. Institut Alfons el Magnànim, Valencia, p.172.

lunes, 23 de septiembre de 2019

L'estacioneta de la Cadena


L’ESTACIONETA DE LA CADENA
Per Iván Esbrí



           Tal com esmenarem al capítol dedicat a l’estacioneta del Grau, els nostre Marítim va gaudir fins els anys 1990 d’un ambient molt ferroviari: tramvies i ferrocarrils estatals i de via estreta rodaven per no pocs carrers, avingudes i jardins actuals, obrats en quant els traçats foren alçats.


           El barri del Clot, el bloc Luís Jarabo i els Blocs Platja tenien especial vinculació amb els ferrocarrils de les Canteres del Puig-Port, Central de Aragón i Pont de Fusta-el Grau, del qual parlarem. De fet, als darrers mesos aquest ha sigut de nou notícia perquè està projectada una via verda que recuperarà la seua traça -i record- des de la confluència del carrer de Doctor Lluch amb l’avinguda dels Tarongers fins a la plaça de l’Aduana, on estava l’estacioneta del Grau, vora els Blocs Platja.


           A la frontera dels actuals barris de la Remonta amb el de la Malva-rosa es situava la sèquia de la Cadena, la qual donà nom a una de les quatres estacions originals de l’antic trenet al Grau. L’estacioneta de la Cadena va ser oberta el vint de juny de 1893, quasi un any després de la posada en servei de la línia de Bétera fins a l’Estació de Pont de Fusta i el Grau (07.07.1892), quan el Trenet era operat per la Sociedad Valenciana de Tranvías.


Estacioneta de la Cadena i subestació elèctrica en procés de desmantellament, febrer de 1990.
Foto Juan Coll Cardona.




           L’edifici de la Cadena responia al model d’estació de Quarta Categoria de l’antiga SVT. Açò era base quadrada, sostre a quatre aigües i planta baixa amb tres accesos: viatgers, despatx de billets i llar del Cap d’Estació. El 1933 es va fer una ampliació en la façana Oest afegint un nou departament i un terrat al sostre, fent d’aquesta estació un model únic en les tipologies dels edificis del Trenet.


           La platja de vies la formaven la via principal, la qual quedava al costat més pròxim de l’andana de l’estació, decorada amb plantans d’ombra; la via secundaria; una andana en illa, amb plantans d’ombra; i una via morta, que en temps donava servei a la fàbrica de briquetes de carbó Ballesteros (on hui està el Col·legi Cavite), i després va quedar reduïda fins el mateix moll de càrrega de l’estacioneta, on hi ha gent gent que recorda encara com pugaven els cavalls sementals del Quater de la Remonta als vagons-gàvia. En aquesta via morta en ocasions s’apartava una subestació elèctrica móvil que el Trenet emprava per reforçar el suministre de la catenària, que donava de continu altra d’obra.


           El trenta de gener de 1990 l’estacioneta de la Cadena era clausurada després de noranta-set anys de servei ininteromput, sent un dels epicentres de la jordana festiva per la desaparició del Trenet amb vora dos cents veïns i veïnes, la banda de la Unió Musical de Peixcadors i traques.


           Resulta difícil d’explicar -i d’imaginar- que el que hui és una simple parada de tramvia emmarcada per una avinguda, era una racó ídilic del nostre barri: l’estacioneta, el moll de càrrega, la subestació elèctrica, xaletets, les hortes, els jardins de la Clínica del Rosari, el bar Polit, la vista de l’Hospital Sant Joan de Déu, l’encreumament de les vies de RENFE…

Consultes:
-Joan Lluís Llop i Bayo, especialista en història del transport.
-AGUILAR CIVERA, I. (1995): Estaciones y ferrocarriles valencianos, València, Consell Valencià de Cultura, 144 p.
-ALCAIDE GONZÁLEZ, R. (1998): El Trenet de València, Barcelona, Prieto Tur Editor, 278 p.
-GOLF SÁNCHEZ, J.  (2019): La historia del Trenet de Valencia, autoedició 371 p.
“21 años del cierre del Trenet del Grau”, Iván Esbrí Andrés, Levante-EMV (consulta 18.09.2019).
https://www.levante-emv.com/valencia/2019/09/03/via-verde-unira-barrio-cabanyal/1917599.html “Un vía verde unirá el  barrio del Cabanyal con la Marina”, Levante-EMV (consulta 18.09.2019).

domingo, 7 de julio de 2019

CALLE OTUMBA


CALLE OTUMBA
Javier Mozas Hernando

Batalla de Otumba. 7 de julio de 1520 [Fuente: Wikipedia]

Otumba está situada en los Llanos de Otompan (México). Pero no se le puso el nombre ni por ser un lugar conocido ni turístico. Hace referencia a la batalla que tuvo lugar tal día como hoy de hace casi 500 años. Fue uno de los episodios destacados de la historiografía en el devenir de la conquista de Tenochtitlan (México) por Hernán Cortés.

Corría el año 1520. Tras el ataque por sorpresa de Hernán Cortés y sus aliados los tlaxcaltecas a los mexicas en su Templo Mayor mientras celebraban su tradicional ritual del mes tóxcatl, dedicado a Tezcatlipoca. Este triste episodio es conocido como la ‘Matanza de Tóxcatl’, por el cual, los tenochcas se rebelaron, matando a Moctezuma y asediando a los españoles.

Los españoles, bajo el mando de Hernán Cortés, eran muy inferiores en número y empezaban a escasear los alimentos, por lo que decidió emprender la huida durante la madrugada del 30 de junio al 1 de julio. Los mexicas lograron reunir un grandioso ejército junto a otros pueblos limítrofes, que emprendió la persecución del menguado ejército español —formado por unos 500 soldados—.

El 7 de julio de 1520, HOY HACE 500 AÑOS, el ejército mexica dio alcance al español en Otumba y lo rodeó. Durante horas estuvieron peleando, hasta que al final, Cortés consiguió romper el cerco, alcanzó y mató al jefe militar mexica —el cihuacóatl Matlatzincátzin—, y se apoderó de su estandarte, retirándose el ejército mexica al no tener jefe.

De esta manera, el ejército español pudo continuar su marcha, llegando a territorio amigo tlaxcalteca, donde pudieron descansar y recuperarse de las heridas. Se reafirmó el pacto con dicho pueblo para sitiar y conquistar Tenochtitlan, capital del pueblo mexica, hecho que sucedió meses más tarde, el 13 de agosto de 1521, en que fue apresado Cuauhtémoc.

Bibliografía para ampliar información:
Aguilar, Francisco de (2003). «Relación breve de la conquista de la Nueva España». En Germán Vázquez Chamorro. La conquista de Tenochtitlan. Madrid. pp. 149-198
Alva Ixtlilxóchitl, Fernando de (2011). Historia de la nación chichimeca. Barcelona
Cervantes de Salazar, Francisco (2008). Crónica de la Nueva España. Volumen II. Barcelona
Chavero, Alfredo (1888). «Tomo I. Historia antigua y de la conquista». En Vicente Riva Palacio. México a través de los siglos. México
Cortés, Hernán (2003). Cartas de relación (Mario Hernández Sánchez-Barba edición). Madrid
Díaz del Castillo, Bernal (2007). Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. México
León-Portilla, Miguel (2008). Visión de los vencidos. México
López de Gómara, Francisco (2006). Historia de la conquista de México. México
Martín Gomez, Pablo (2001). Hombres y armas en la conquista de México. Madrid
Prescott, William H. (2000). Historia de la conquista de México. México
Solís y Rivadeneyra, Antonio de (1996). Historia de la conquista de México. México
Thomas, Hugh (2007). La conquista de México. El encuentro de dos mundos, el choque de dos imperios. México
https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Otumba

lunes, 17 de junio de 2019

José Aguirre Matiol


JOSÉ AGUIRRE MATIOL
Luiso Fernández

Esta antigua calle del otrora municipio de Villanueva del Grao fue conocida con el nombre de Atarazanas por el hecho evidente de encontrarse allí el edificio donde se reparaban y construían las embarcaciones. Pero en 1913, una vez anexionados desde 1897 el Pueblo Nuevo del Mar y Villanueva del Grao, y para evitar la duplicidad de nombres de calles en el mismo término municipal, el Ayuntamiento acordó rebautizar la calle de las Atarazanas con el nombre de José Aguirre.

La inscripción que hay en el pedestal del busto dedicado José Aguirre Matiol (Valencia, 1842 – 1920) en el puerto de Valencia reza: A José Aguirre Matiol, iniciador de la exportación naranjera en 1870. Y así es, este comerciante hijo de Villanueva del Grao, es reconocido en nuestra ciudad por ser el pionero en la exportación de naranja y demás frutas, hortalizas y legumbres frescas desde el puerto de Valencia hasta Francia, Gran Bretaña y Holanda en el siglo XIX.

Consignatario de buques, dedicó su vida al comercio marítimo, donde además de iniciar la exportación de frutas y verduras, José Aguirre introdujo el embalaje en cajas, la envoltura de la fruta en papel cebolla y la estampación de la marca que tanto ayudo a reconocer la naranja valenciana allende de nuestras fronteras.

Pero la vida extra profesional de Aguirre Matiol aún fue más intensa. Alternó la actividad del comercio marítimo con el cultivo de la poesía y las letras. No en vano fue discípulo de Vicente Boix y condiscípulo de Llorente y Querol, con los que inició el renacimiento literario de la Lengua Valenciana. Fue socio fundador de Lo Rat Penat y convirtió su caseta de Bétera, conocida como la Caseta Blanca, en un santuario de las letras valencianas donde celebraba fiestas literarias junto a sus amigos e insignes literatos como los propios Querol y Llorente, junto a Pizcueta, Ferrer y Bigné, Labaila o Escalante.

Para más información:
Fernández Gimeno, Luis (2019): Carrers Il·lustrats. Ajuntament de València

lunes, 10 de junio de 2019

La moda de tomar baños en Valencia


MODA DE TOMAR BAÑOS EN VALENCIA
Por Rafa Solaz

El historiador Escolano decía en sus Décadas (1610), refiriéndose a la tradición de los valencianos que tenían de acudir a la playa del Grao a los baños de mar:

Los ciudadanos de Valencia empalagados de tenerla siempre delante de los ojos, arde de ordinario la sed en ellos de salir a verla, espoleados de aquella poca privación; y metiéndose en infinidad de coches y carrozas, que deben pasar de dos mil, forman por tierra cada día en los veranos una armada apacible y terrestre navegación”.

Algo más tarde, José Antonio Cavanilles describe en sus Observaciones (1793) el veraneo de los valencianos en las playas del Grau y del Cabanyal:

Allí acuden los de la capital a bañarse, cuyo prodigioso concurso aviva aquel recinto, ya de suyo interesante por el movimiento de las aguas y los buques que se descubren. Los años pasados iban y volvían comúnmente en el mismo día por la facilidad que ofrecen centenares de calesines y otros carruajes apostados para este fin en las puertas de la ciudad. Ya muchos, contagiados de la frescura y amenidad del sitio, suelen permanecer algunos días alojados en las chozas de los pescadores. Aumentándose con el tiempo la pasión y el número de concurrentes, varios sujetos acaudalados, no contentos con el alojamiento de las chozas, han construido sucesivamente edificios espaciosos en los que se hallan las comodidades, los adornos y hasta el lujo de la capital. Júntanse allí en estío personas brillantes de ambos sexos, viven en libertad, sin etiquetas, y en diversión continua.”

No sólo los valencianos acudían a las playas a tomar baños. También personajes de alta alcurnia se acercaban a veranear a las playas valencianas. El reconocido pintor Francisco de Goya vino en el año 1790 a Valencia junto a su esposa a tomar baños en la playa del Cabanyal por prescripción facultativa. Pocas décadas después, en el año 1835, vinieron los infantes Francisco de Paula y su esposa Luisa Carlota, quedando prendados de la maravillosa experiencia y repitieron al verano siguiente. Se da la circunstancia que les acompañaba un enorme séquito compuesto por casi cuarenta personas que tuvo problemas de alojamiento, teniendo que repartirse entre el Cabanyal y la ciudad.

Entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, los veraneantes pertenecían a la clase media, dados a la comodidad, la diversión y al ocio. Más tarde, se revistió de tintes aristocráticos, muy influenciados por la moda de París, esmerando la indumentaria y las costumbres veraniegas, pasando de habitar en la temporada estival de las barracas y alquerías, por la construcción de una segunda residencia en la Malvarrosa. Este glamour chocó con la sencillez de los marineros y sus familias, lo que produjo un distanciamiento entre ambos.

La ribera de la playa tiene su sección pintoresca simpática, pasado el Cabañal; la campiña con las malvas, rosas y blancas que parecen espolvorear de estos colores las frondosas extensiones planas; las palmeras sombreando la barraca, esas viviendas de techos agudos como naipes doblados por la mitad, con su cruz de madera y la cal viva de la fachada y la escopeta colgada en el golpete de la puerta.” (Durand Vigneau, Valencia, 1900).

Cuando el sol comenzaba a caer, la merienda se hacía presente para los bañistas. En ese momento hacían su aparición improvisados vendedores ambulantes que ofrecían sus mejores productos para la merienda. Las jóvenes portaban un cántaro o cesto bajo el brazo con agua recién sacada del pozo o pasteles dulces o salados, otros pregonaban aigua cibà (horchata), cacahuetes, altramuces o habas hervidas; las galleteres, mujeres que vendían galletas en un cestillo al grito de ¡Salades i dolçes!, y el barquillero, que invitaba al juego de la ruleta ofreciendo como premio los barquillos. Los populares cocoteros que en la cesta que solían llevar en la cabeza, portaban cocotets, una bota de vino y el tradicional pastel de pescado, una especie de empanada de pescado en forma de media luna, que vendía al grito de ¡Cocots i vi cavallers!. También hacían su aparición fotógrafos que, cámara y trípode en mano, recorrían las playas para realizar retratos personales o familiares y vender la copia respectiva.

La concurrencia de bañistas provocó un curioso auto de la Real Audiencia fechado el 22 de agosto de 1803. Los horarios de los baños se establecían desde las horas de madrugada hasta las siete de la mañana, a partir de la cual se prohibía el baño, con toda seguridad, para facilitar las tareas de pesca. A las once se permitía nuevamente hasta la una. Luego, más tarde, desde las primeras oraciones hasta las diez de la noche.

PARA AMPLIAR INFORMACIÓN:
Solaz Albert, Rafael (2006): El Marítim. Paseo costumbrista a través de antiguas tarjetas postales.
Blasco, Rafael (1859): “El Cocotero”, en Los valencianos pintados por sí mismos, Valencia.
Vidal Corella, Vicente (1979): Las barracas del Cabañal. “Las Provincias”, 5 de agosto de 1979.
Vidal Corella, Vicente (1977): El veraneo en el Cabañal de antaño. “Valencia Atracción”, julio 1977.