lunes, 1 de abril de 2019

Luis Despuig


LUIS DESPUIG
Por Javier Mozas

Luis Despuig fue un caballero valenciano de linaje noble. Nació en la ciudad de Xàtiva alrededor del año 1410. Se desconoce cuál fue la formación, tanto educativa como personal, pero es probable que se formara en la Corte, por el linaje y el tipo de cargos que ocupó posteriormente.

El primer hito conocido de su trayectoria le condujo a ocupar el cargo de Embajador del rey Alfonso el Magnánimo, en el Reino de Castilla (entre los años 1443 y 1455), y a continuación el mismo puesto en el Reino de Nápoles. En este período, pudo poner en práctica sus dotes diplomáticas ante el Papa Pío II, para que éste reconociese a Fernando como rey de Nápoles (1458), en la reconciliación entre el rey Juan II y su hijo Carlos (1460), y en la Concordia de Vilafranca (1461).

A su regreso a la península, destacó como militar en la Guerra Civil castellana del lado del pretendiente Juan (II) entre los años 1462 y 1472. Por sus servicios, primero fue nombrado Gobernador de Valencia (1468), y posteriormente Lugarteniente General y Virrey del Reino de Valencia (1472-1478).

Como caballero, ingresó en la Orden de caballería de Montesa y San Jorge, de la que fue su 8º Maestre desde el año 1453 hasta que falleció.

Pero sobre todo será recordado porque, siendo Virrey de Valencia, y como buen poeta, patrocinó un certamen poético dedicado a alabar a la Virgen María. Éste se celebró el 11 de febrero de 1474, y las participaciones se plasmaron en lo que es el primer libro impreso de España, Les trobes en lahors de la Verge María.

Luis Despuig falleció en la ciudad de Valencia en el año 1482. Su ciudad le dedicó en 1940 una travesía de la calle Martí Grajales del Marítimo.

lunes, 25 de febrero de 2019

‘Las Niñas del Cabañal’ (Wenceslao Querol)

‘Las Niñas del Cabañal’ (Wenceslao Querol)
Por Toni Sanchis


Introducción del Diario: “Ha llegado a nuestras manos la siguiente poesía, escrita por el conocido poeta D. Vicente W. Querol y leída hace pocas noches en la reunión del Sr. Conde de Parcent”.
Digo yo: se refiere al palacete que hoy día está derruido y convertido en Jardín, en la calle Santa Teresa.

LAS NIÑAS DEL CABAÑAL
AL SR. D. FERMÍN GONZALO MORON

Cortesano caballero
Que a doncellas y casadas
Con fino comedimiento
Dices frases cortesanas;
Tú que lanzas a los vientos
Tu enardecida palabra;
En la que aún retumba el eco
De Políticas batallas;
Soldado que en el retiro
No has desceñido las armas:
Tú que el acento de ira
Por el blando tono cambias
Y dulcemente murmuras
Las trobas enamoradas,
Uniendo en raro consorcio
La ternura a la amenaza;
El son del clarín guerrero
Al dulce gemir del arpa;
Cortesano caballero,
¿Cómo a contener no bastan
Las cadenas de himeneo
Que ha largos años arrastras,
Esos solteriles ímpetus
Con que quebrantas las travas?
Cubren del Etna la cumbre
Las nieves y las escarchas,
Y el monte en el seno esconde
Un mar de bullentes lavas.
Sin duda tú como el Etna,
Contra el destino batallas,
Y al glacial soplo del tiempo
El fuego opones del alma.
¡Malhaya ese inútil fuego!
Tus alabanzas malhayan;
Que si agradecidas fueran
No pudieran ser pagadas.
Sacerdote de un Dios único
De tu esposa pura y santa;
¿Cómo idólatra de todas,
Quemas incienso en sus aras,
Y el himno de los amores
Con voz sacrílega cantas?
¿O es que cual los caballeros
De las edades pasadas,
Puesta siempre la fe en Dios
Y el pensamiento en su dama
Doquiera que a la hermosura
En tu marcha errante hallas,
Sin quebrantar juramentos
Galante le rindes parias?
Cortesano caballero,
Ya no el amor en su aljaba
Guarda para ti sus flechas.
Para ti su venda guarda
Cíñela bien a tus ojos
Y no herirán tus miradas
Bellezas que acaso encienden
Pasiones sin esperanza

Cabañal 7 de setiembre de 1865

lunes, 18 de febrero de 2019

La Fábrica de hielo


La Fábrica de hielo
Por Gracia López

Ese local de copas, conciertos, talleres, cultura en general… tan de moda, tiene una historia desde el año 1925, tal y como aparece en la ficha del Catálogo de Bienes Protegidos de la Adaptación del Plan Especial de Protección y Reforma Interior de Cabanyal-Canyamelar.



El complejo original, descrito en la escritura de 1945 de la Marina Auxiliante Sociedad Anónima, una de las más importantes cofradías del Cabanyal, donde está ubicado este edificio, y corroborado por fotografías antiguas y el levantamiento de planos realizado en 1931 por el arquitecto Victor Gosálvez Gómez a raíz de una reforma del mismo, estaba compuesto por dos naves construidas en ladrillo visto y cubierta apoyada sobre cerchas metálicas, unidas por un extremo por la sala de máquinas, dejando una planta en forma de U, tal y como se puede apreciar en el plano del año 1929, con un patio cerrado entre edificaciones que posteriormente fue cubierto. La nave recayente al frente marítimo se destinaba a almacén, mientras que la otra se destinaba a despacho, balsa y cámaras. Por toda ornamentación la cornisa de los muros del patio estaba realizada en aparejo arpado a serreta, es decir, con los ladrillos girados 45º.

La entrada principal se realizaba por la Travesía de Pescadores, aunque tenía aberturas proyectadas, tanto original como en el reformado, recayentes a la calle Eugenia Viñes. En la actualidad el acceso se realiza por la calle Pavía.


Una foto realizada tras la Guerra Civil rebela el nombre y, por tanto, el uso del inmueble, rotulado en la fachada recayente a Eugenia Viñes como Sociedad Marina Auxiliante. Fábrica de Hielo y Cámaras Frigoríficas.

El proyecto firmado por Gosálvez, firmado 11 abril 1931, consistía en construir en el interior de la nave recayente a Eugenia Viñes un local destinado a cámara frigorífica y su correspondiente ante-cámara, cegando tres ventanas y una puerta y abriendo otro hueco para acceso.


En los años 50 albergó Talleres Sandol, como reza en la fachada del acceso principal, dedicada a motores de barco y más tarde se convirtió en sede de una empresa de transporte.

El interior fue alterado, derribando el muro de la nave de almacén junto al patio e incorporando este espacio ampliando la nave.

NOTA: El expediente del proyecto está en el Archivo Histórico Municipal de valencia, caja 13 expediente 13, año 1931.

lunes, 28 de enero de 2019

L'Estacioneta del Grau


L’ESTACIONETA DEL GRAU
Per Iván Esbrí

Els Poblats Marítims han tingut sempre un solatge molt ferroviari, ja que els seus barris -Natzaret, el Grau, el Canyamelar, el Cabanyal i la Malva-rosa- han estat abraçats per un seguit de traçats de tren.

Línies de tramvia a Natzaret, Malva-rosa[1] i a la Platja de les Arenes; el ferrocarril València-Barcelona,  vertader “cinturó de ferro” fronterer amb la resta de la ciutat; els accessos ferroviaris al Port pel Grau -Compañía del Norte- i Cabanyal -Central de Aragón-; la Via Pedrera; el trenet de Nazaret i del Grau; i el ramal de la fàbrica Ballesteros de briquetes de carbó.

Les barriades del Clot, Portuaris i Blocs Platja van quedar especialment rodejades per aquests traçats, que van aplegar a coexistir tots en funcionament des dels albors del segle XX fins als anys 1970, quan escomençaren a ser desmantellats paulatinament fins primers dels 1990.

Hui el modern tramvia de les línies 4 i 6 evoca el pas d’aquelles locomotores de vapor i automotors elèctrics d’antany pels nostres carrers. De fet, no queden més que uns poc testimonis dels que destaca l’Estació del Cabanyal vora l’Avinguda de la Serradora, abans tota vies fèrries. Les línies d’autobús que transiten pels carrers de la Reina i Doctor Lluch, ho fan seguint l’antiga ruta tramviària; els jardins i poliesportiu d’aquest carrer, ocupen l’antiga terminal de mercaderia del Central de Aragón i Via Pedrera, que donà pas al carrer de Cavite en desaparèixer; i alguns solars foren traçats o estacions.

Vora Blocs Platja hi ha un d’aquests solars urbanitzat de forma provisional com a aparcament, que destaca per la seua immensitat. Este espai és la petjada deixada per l’Estacioneta del Grau, terminal del ferrocarril de via estreta[2] de Bétera al Grau de València i Rafelbunyol inaugurat el set de juliol de 1892, i que a la postre seria el trenet del Grau a l’Estació del Pont de Fusta de la Compañía de Tranvías y Ferrocarriles de Valencia (CTFV).


Per la seua proximitat al Port l’Estacioneta va comptar amb dos molls de càrrega, dos molls coberts -un d’ells amb un refugi obrat a la Guerra Civil- i no poques vies d’estacionament i maniobres, algunes d’elles combinades amb les vies de la xarxa de RENFE, sent l’única estació de València que tingué dos amples de via diferents. Dins del seu terreny també estaven el baixador de les Arenes i els tallers de la GAY-Industrial de Construcciones Móviles SA.

L’edifici principal, l’Estacioneta, es situava a la Plaça de l’Aduana. Era de planta rectangular distribuït en dos altures: a la part de baix les oficines i despatxos; i dalt la vivenda del Cap d’Estació. Va ser una terminal amb un trànsit intensíssim amb mercaderies que baixaven de les comarques del Camp del Túria i de l’Horta: cebes, taronja, sorra, pedra, fusta, etc. I de viatgers sobretot a l’estiu per gaudir de les platges.

A partir dels anys 1970 el declius de la mercaderia va anar deixant a poc a poc una pàtina d’abandonament en l’Estacioneta, malgrat el manteniment del servei de viatgers. Els magatzems ens van abandonar; el baixador de les Arenes quedà sense personal; els tallers es tancaren; algunes vies foren alçades; i RENFE clausurà el seu accés. El tancament definitiu de l’Estacioneta esdevingué el trenta-ú de gener de 1990, quan vora les 20:30 hores eixia el darrer trenet d’ella, en un ambient festívol marcat per la música -Unió de Peixcadors- i traques des de primeres hores de la vesprada.

La desaparició del trenet va suposar l’obertura a la platja de l’Avinguda del Mediterrani i la connexió del carrer de la Reina i l’Avinguda de la Malva-rosa.

Mentre, alguns automotors i vagons van ser preservats a l’Estacioneta per formar part d’un museu ferroviari… que mai va aplegar. Al voltant de 1998 aquests el trens van ser traslladats als tallers de FGV a Torrent i emprengué el desmantellament definitiu de l’Estacioneta, amb el seu enderroc per ampliar el carrer del Doctor Marcos Sopena. Amb els fastos de l’America’s Cup -2007- van ser enderrocats l’antic taller de la GAY i el moll de càrrega i refugi de la Guerra Civil, quedant l’espai urbanitzat com hui està.

Consultes:
-Joan Lluís Llop i Bayo, especialista en història del transport.
-AGUILAR CIVERA, I. (1995): Estaciones y ferrocarriles valencianos, València, Consell Valencià de Cultura, 144 p.
-ALCAIDE GONZÁLEZ, R. (1998): El Trenet de València, Barcelona, Prieto Tur, 278 p.
“21 años del cierre del Trenet del Grau”, Iván Esbrí Andrés, Levante-EMV (consulta 22.01.2019).
https://www.levante-emv.com/valencia/2015/02/19/trenet-grau-25-anos/1228015.html “Sin el trenet de El Grau 25 años”, Esteban Gonzalo Rogel, Levante-EMV (consulta 22.01.2019).


[1]Realment el tramvia no anava a la Malva-rosa. De Dr. Lluch entrava per Vicent Guillot al carrer de la Reina i tornava a València.
[2]El fet de ser un ferrocarril de via estreta -o comarcal- li valgué els tan característics diminutius populars en valencià “trenet”, “estacioneta”, etc.

lunes, 14 de enero de 2019

El marino Villamil


EL MARINO VILLAMIL
Por Luiso Fernández

Cada uno tiene, dicho vulgarmente, su pedrada en la cabeza, su obsesión. La mía, o mejor dicho una de las mías, fácil de adivinar es la que me hace estar todas las semanas delante del ordenador o delante de un micrófono, para escribir y hablar sobre la toponimia urbana de Valencia. Y resulta que esta bendita obsesión no me deja descansar ni en vacaciones y ante cualquier nuevo descubrimiento toponímico, la maquinaria se pone a funcionar.

Este verano presencié varias apariciones callejeras, una de ellas en Pinedo. En una escapada gastronómica a esta pedanía valenciana, tuve la suerte de aparcar el coche en la calle del Marino Villamil, una de tantas vías desconocidas y perdidas en lo más oscuro de nuestro nomenclátor, pero de la cual subyacen anécdotas y personajes fascinantes.

Empezando por la calle, la del Marino Villamil, es de esas que ponen en jaque a cualquier estudioso de la toponimia patria. La primera referencia a esta calle la encontramos en 1911, cuando en un documento dirigido a la Comisión de Estadística, varios concejales pusieron en su conocimiento la existencia de una pequeña calle del distrito del Puerto, cercana a las atarazanas, carente de nombre. La Comisión se ocupó de ello y elevó dictamen al Ayuntamiento proponiendo se le diera la denominación de Marino Villamil, sin decir quien fue ni porqué se le pretendía enaltecer.


Fernando Villamil en una imagen de la revista El Mundo Naval Ilustrado de 1898. Biblioteca Nacional de España. Hemeroteca Digital.

El Ayuntamiento acordó la propuesta, y la calle del desconocido Villamil permaneció en aquel barrio hasta que las obras de reurbanización del Grao, con la apertura de la avenida de J.J. Dómine y la plaza del Tribunal de las Aguas, durante los años 50 del siglo XX, acabaron con aquel pequeño enjambre de calles entre los que se encontraba la dedicada al ignoto marino. La calle del Marino Villamil fue repuesta en 1969 en la pedanía de Pinedo, pero todavía sin esclarecer quien fue y por qué tiene una calle en Valencia.

A pesar del oscurantismo del expediente de rotulación, lo cierto es que aquella calle denominada en 1911 del Marino Villamil no hay duda de que estaba dedicada al marino asturiano Fernando Villamil (o Villamil) (Serantes, 1845 – Santiago de Cuba, 1898), el prestigioso diseñador del primer buque contra torpedero de la historia, y que aquel año de 1911 estaba siendo recordado y exaltado por las autoridades españolas como uno de los héroes de la guerra de Cuba. De ahí que la pequeña calle del Muelle de Tierra del Puerto de Valencia fuese bautizada con su nombre.

El teniente de navío Fernando Villamil fue por tanto el ideólogo del Destructor, un tipo de buque rápido diseñado para contrarrestar a los buques torpederos. La Armada Española fue la primera en poseer este tipo de embarcaciones, pero sin embargo nada pudieron hacer en su primera puesta en escena, en el desastre de Cuba de 1898.

Villamil también se hizo famoso por estar el frente del buque-escuela Nautilus en el viaje de circunnavegación a vela realizado entre diciembre de 1892 y agosto de 1894, con el objetivo de instruir a los guardiamarinas de la Armada Española. El malogrado Villamil falleció 1898 a bordo de uno de los destructores que el mismo había diseñado, bombardeado por la flota estadounidense en las inmediaciones del puerto de Santiago de Cuba, durante la guerra hispano-estadounidense de infausto recuerdo.

De nuevo, aquí en Valencia, una pequeña calle y una gran historia, urbana y universal, la del marino Villamil. Cuando aparquen su coche, no olviden el nombre de la calle donde lo han hecho, se sorprenderán.

lunes, 17 de diciembre de 2018

El nombre del Canyamelar

EL NOMBRE DEL CANYAMELAR
Por  Toni Sanchis

Cabanyal, Canyamelar y Cap de França son tres nombres que, junto con Beteró, Malva-rosa, Grau y Natzaret, forman el distrito de los poblados marítimos. Pero durante el siglo XIX, de 1836 a 1897, contando como primer alcalde con Francisco Cubells, Cabanyal, Canyamelar y Cap de França formaron un único pueblo, con el nombre unitario de Poble Nou de la Mar, con plena autonomía municipal, y conocido en su conjunto como Cabanyal. Pero, en 1897, Poble Nou de la Mar perdió su autonomía municipal y fue anexionado a València.

Es fácil deducir que el nombre del Cabanyal le proviene de las innumerables barracas (chozas o cabañas) que constituían las viviendas más usuales.

Lo que no está tan claro es el origen indiscutible del nombre del Canyamelar, pero vamos a detenernos un poco para dar algunas pistas que nos aproximen a ese origen. El famoso cronista de la ciudad de Valencia, Vicente Boix, dice en su obra Valencia histórica y topográfica que el nombre procede de la palabra canyamel, o caña de azúcar, que durante una larga época se cultivaba allí. Esa afirmación tan sugerente no está demostrada al cien por cien porque en la zona no se han encontrado restos de ese cultivo, ni en los archivos hay indicios del comercio de esa caña de azúcar, cuyo cultivo estaba desarrollado en la comarca de la Safor y no en la ciudad de Valencia. Quizá se tratara de un cultivo esporádico y de poca importancia, señalando posibles cañares que crecían a lo largo de las acequias y tuvieran una difusión muy limitada.

De todos modos, esa primera afirmación de Vicente Boix es la que más parece acercarse a la realidad, y está ampliada en una obra suya bastante desconocida, que ha sacado a la luz el arquitecto Tato Herrero; se trata de la novela OMM-AL-KIAM o La expulsión de los moriscos, en la que desarrolla la idea. Éste es su texto:

[Desde el Rihuet] “y hasta la orilla de la otra acequia denominada de Gasch o de Gas, se extendían magníficas plantaciones de caña de azúcar, semejantes a las de la huerta de Gandía, a cuyo cultivo se dedicaban los moriscos, si bien perdió mucho su valor desde el descubrimiento de la América. Desde la acequia de Gas hasta un punto quo, por su apartada extremidad, recibió el nombre de Cabo de Francia (Cap de França), habitaba una gran población morisca dedicada al cultivo de las cañas, que desde antiguo constituía el patrimonio de numerosas familias.”

“La sección de las plantaciones conserva el nombre de Cañamelar, o tierra de cañas dulces (cañamel, en valenciano), y la segunda de las chozas el de Cabañal.”

Digamos, para redondear este artículo, que la barriada del Cap de França recibe ahora el nombre de Llamosí, nombre debido a Juan Bautista Llamosí, constructor que la urbanizó, según consta en las Actas del Ayuntamiento del 20 de mayo de 1885: “De conformidad con el dictamen de la comisión de Alineaciones se acordó aprobar definitivamente el proyecto de urbanización presentado por Don Juan Bta. Llamosí, de los terrenos que posee junto a la ermita de Nuestra Sra. de los Ángeles del Pueblo Nuevo del Mar”.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Pepica la Pilona


PEPICA LA PILONA
por José Vilaseca

Como ustedes sabrán, algunos lugares del mundo son más conocidos por el personaje que protagoniza su dicho popular o su hazaña particular: la corrala de la Pacheca, en la calle Príncipe de Madrid, ser més gos que el Negre Lloma en Alicante, o ser más feo que Picio, famoso vecino de la granadina villa de Alhendín.

Así que no les debe extrañar que si me atrevo a destacar, por encima de los demás, a un habitante de nuestros Poblados Marítimos, que haya trascendido más allá de las generaciones, esta sea Pepica La Pilona.

De vivir hoy, quién sabe si sería protagonista de memes, de vídeos virales o de cualquier otro trampantojo tecnológico. Su aspecto (ropajes ajados y oscuros, bolso inmenso a lo Mary Poppins, pelo estirado, tenso y recogido en un moño, ojos pequeños pero vivísimos), la haría parecer gótica, y su afición por el cine (era cliente habitual del Merp y del Imperial, donde se recuerdan sus combates victoriosos contra bocadillos pantagruélicos, sus conversaciones en voz alta con la pantalla o sus sonoras ventosidades y eructos), seguramente la situarían entre los hipsters del siglo XXI.

Pero, claro, ella vivió durante tres cuartas partes del siglo XX, y nuestras madres y abuelas, que tan bien la conocían, no eran amigas de moderneces. Mantenían con ella una relación ambivalente, entre lo entrañable y lo grimoso, si me permiten el "palabro"; tan pronto alababan su espontaneidad como censuraban su higiene y, si por casualidad recibías en la frente o en el pelo uno de sus inocentes y sonoros besos, acababas siendo sometido a una escrupulosa investigación de zoonosis. Solo por si acaso.

Antes de que nadie inventara aquello de "persona en riesgo de exclusión social", Pepica personificó con enorme dignidad la imagen de la pobre de necesidad y por necesidad. Se la veía pedir aquí y allá, a veces para ella, otras para los leprosos de Fontilles, en Alicante (la que se consideró última leprosería del mundo occidental). Cuentan que, fruto de un abuso, tuvo que dar a un hijo en adopción, quizá temerosa de que tuviera que acompañarla en su aciaga vida. Pero, a pesar de que sus días se escribieron más en el claroscuro de la Posguerra que en el todo color de la Transición, su espíritu libre y su lengua afilada son recordados en cada rincón de la Malvarrosa, el Cabañal y el Cañamelar, como una leyenda viva de nuestros barrios marineros.

FUENTES:
* La Malvarosa en blanc y negre (http://lamalva-rosaenblancinegre.blogspot.com/)
* Podría ser peor (https://letaqui.wordpress.com)