lunes, 29 de octubre de 2018

Arquitecto Guastavino


ARQUITECTO GUASTAVINO
por Luis Fernández

El arquitecto valenciano Rafael Guastavino Moreno (Valencia, 1842 – Baltimore, 1908) nació en la desaparecida calle de la Puñalería.



Este excéntrico y casi desconocido genio tuvo una vida azarosa que le hizo recalar en los florecientes Estados Unidos de entre siglos, donde su invento de la bóveda tabicada e ignífuga causó furor en un país cuyas ciudades más importantes acababan de ser destruidas por grandes incendios.
Guastavino no fue profeta en su tierra. En Valencia, su ciudad natal, su huella es prácticamente imperceptible, debido a su corta estancia en Valencia de apenas 17 años. No construyó nada en la ciudad del Turia porque desarrolló su vida laboral lejos de aquí, la calle y su casa donde nació fueron demolidas para ampliar la plaza de la Reina, y la calle que el Ayuntamiento le dedicó en 1964 en El Canyamelar, no tiene viviendas, y está entre los muros de las antiguas instalaciones ferroviarias del puerto, por donde discurría la conocida vía pedrera.



El reciente documental “El Arquitecto de Nueva York” junto a diversas entidades culturales están tratando de rescatar la memoria de este genial arquitecto.

Consulta para ampliar:
Fernández, Luis: Guastavino. Blog. https://valentinatopofilia.wordpress.com/

martes, 2 de octubre de 2018

Francesc Baldomar


FRANCESC BALDOMAR
Por Javier Mozas

Francesc Baldomar nació en Cataluña, en donde su padre, con el mismo nombre, ya trabajaba de cantero en la Catedral vieja de Lérida. Se trasladó a vivir a la ciudad de Valencia en el primer cuarto del siglo XV, y aquí pudo desarrollar su tarea constructiva dentro de la arquitectura gótica.

Aparece trabajando de arquitecto al menos entre los años 1425 y 1476, siendo considerado uno de los exponentes del estilo gótico por toda su producción conocida en la ampliación de la Catedral de Valencia con el Aula Capitular y Miguelete, el Portal de Quart, Capilla de Santa María de los Inocentes del Hospital General, obras en el Palacio Real, o las capillas de San Vicente y de los Reyes del convento de Santo Domingo.

Destacó por levantar una bóveda son nervaduras y con una doble escalera helicoidal, desarrollando el arte del corte de la piedra. Además, fue fundador del Gremio de Canteros.

Justamente en su primer año documentado como cantero, aparece trabajando en las llamadas Casas de la Mar, en el antiguo núcleo urbano del Grau.

Bibliografía:
Chiva Maroto, G.A. (2014): Francesc Baldomar. Maestro de obra de la Seo. Geometría e inspiración bíblica. Tesis doctoral. Editorial Universitat Politècnica de València
Gómez-Ferrer Lozano, Mercedes; Zaragoza Catalán, Arturo (2007). «Bajo la maestría de Antoni Dalmau y de Francesc Baldomar». Generalidad Valenciana
Zaragozá Catalán, Arturo (1992): El arte del corte de piedras en la arquitectura valenciana del cuatrocientos: Francesch Baldomar y el inicio de la estereotomía moderna. Actas del Primer Congreso de Historia del Arte Valenciano, mayo 1992-1993, págs. 97-105. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5492290

lunes, 17 de septiembre de 2018

Los Balnearios flotantes de la playa


LOS BALNEARIOS FLOTANTES DE LA PLAYA
Por Rafa Solaz

Las tradicionales y populares barraquetes de nadar no estaban bien consideradas. En las guías apenas aparecen citadas, sólo alguna referencia a sus playas. Será a partir del último tercio del siglo XIX cuando esta zona resurja y se empiece a publicitar debido a la aparición de los balnearios flotantes.

Éstos entraron directamente en competencia con las humildes barracas de baños por ser una mejora y comodidad de los servicios que ofrecían las tradicionales barraquetes. Incluso hubo una campaña de acoso y derribo en el periódico La Opinión contra ellas calificándolas de “miserables barracas”, y en favor de los balnearios que “para las personas amigas de la cultura y el decoro, felizmente se había construido un establecimiento donde bañarse con decencia”. Se instalaron en la dársena del puerto, a la izquierda de la Escalera Real.

La primera noticia de estos “lujosos” balnearios data de verano del año 1863 en que se inauguraron los Baños La Florida, obra del arquitecto Sebastián Monleón y decorado con paneles pintados por los hermanos Alós. Tal fue el acontecimiento, que se habilitó un servicio extraordinario de trenes y tartanas para los desplazamientos desde la ciudad. Disponía de una gran piscina, cuartos particulares con bañera de zinc para tomar agua caliente o fría, y cuartos familiares hasta para seis personas. Disponía de un comedor con capacidad para 300 comensales y la toma de baños en su establecimiento era recomendada contra el reumatismo y la obesidad. Fue reinaugurado en 1910 por sus nuevos propietarios, los Sres. Requena y García.

Baños La Florida (1863). Fuente: Antonio Sanchis: Historia del Grau


También se tiene conocimiento de la existencia de los Baños La Estrella, con un público más popular que el distinguido de La Florida, e instalado donde anteriormente estuvo La Rosa del Turia. Otro balneario flotante que destacó fueron los Baños La Perla, que se inauguraron en 1893 y tuvo varias ubicaciones hasta que se quedó definitivamente en donde hoy está el Club Náutico.

Poco antes, habían aparecido los merenderos en la playa del Cabanyal, como el de Las Arenas. Debido a su visión de empresa, su director Antonio Zarranz lo transformó a finales de siglo en balneario con los pabellones de corte clásico. En el año 1925, se le encargó al reconocido carpintero y artista fallero Carlos Cortina la construcción del pabellón flotante, que era montado y desmontado cada temporada. Tenía vallas de tablones a ambos lados y estaba construido en forma de cruz, anclado dentro del mar, y pintado en blanco y azul. Eran conocidos sus conciertos de zarzuelas y valses interpretados por violinistas.

Solaz Albert, Rafael (2006): El Marítim. Paseo costumbrista a través de antiguas tarjetas postales.

lunes, 16 de julio de 2018

Juan Antonio Benlliure Tomás


JUAN ANTONIO BENLLIURE TOMÁS
Por Javier Mozas
 
Los Benlliure fueron una saga de artistas valencianos que abarca ampliamente los siglos XIX y XX. Comienza con el patriarca, Juan Antonio Benlliure Tomás, que nació en el entonces municipio de Poble Nou del Mar en el año 1832. Sus antepasados fueron marineros y pescadores del lugar.
 
Pero su lugar no era seguir la tradición profesional familiar trabajando con el mar, si no que fue el primero de su familia en dedicarse a la pintura. Su afición por la pintura desde joven, le llevó a estudiar pintura en la Academia de Bellas Artes de San Carlos. Una vez acabados sus estudios, se dedicó a la pintura decorativa y ornamental, y la escenografía. Sobre todo, desarrolló su trabajo para viviendas, dibujando perspectivas, y elementos decorativos de corte clásico como jarrones y guirnaldas, de moda en esa época.
 
Se casó con Ángela Gil y tuvieron seis hijos: Blas, José, María, Juan Antonio, Mariano y Jacinta. La mayoría de ellos se dedicaron a las artes, y con bastante fama, ya que los tres primeros fueron pintores y el cuarto fue escultor. Juan Antonio influyó claramente en su formación artística, sobre todo porque montó en su propia casa una escuela de pintura. También dos de sus sobrinos, Emilio y Gerardo Benlliure Morales, también fueron artistas, y uno de sus nietos.
 
Juan Antonio falleció el 16 de junio de 1906 en Valencia, siendo enterrado en el cementerio del Cabanyal.
 
Fundación Mariano Benlliure: http://marianobenlliure.org/


lunes, 2 de julio de 2018

Las antiguas barraquetes de nadar o Casas de Baños


LAS ANTIGUAS BARRAQUETES DE NADAR O CASAS DE BAÑOS

Rafa Solaz

 

La costumbre de ir a bañarse a las playas del Grao, Canyamelar y Cabanyal a partir del mes de julio ya está documentada desde hace siglos. No se tiene constancia de cuándo comenzó ni cómo sería el ritual del baño. Las noticias más antiguas que se tienen de instalaciones para cambiarse de ropa son construcciones efímeras utilizando cañas, palos y ramaje que se encontraban dispersos por la zona en abundancia. En un principio estaban destinadas al momento en que las mujeres, obligadas por el recato y la moral, las utilizaban para ponerse los paños menores, el traje de baño.

 

En el siglo XIX se construyeron las tradicionales barraquetes de nadar realizadas con tablones de madera y techumbres de cañas, lo que las hacía más consistentes y por lo tanto duraderas. Su interior estaba dividido en cabinas cubiertas de lonas, estoras o lienzos pintados, y separadas a uno y otro lado por un pasillo central. Se convertían así en espacios de intimidad necesarios para el cambio de indumentaria, sobre todo utilizados por las clases más populares.

 



Estaban situadas en primerísima línea de playa “en el último límite de las arenas besadas por las olas”, como una línea de formas caprichosas y grotescas. Vicente Blasco Ibáñez, en su novela Flor de mayo, las describe formando “en correcta fila ante el oleaje, empavesadas con banderas de todos los colores”. En el vértice superior de la fachada, las siluetas de monigotes, miriñaques, o barcos que distinguían a cada establecimiento. Un ejemplo era la de Miguel Llácer, que ostentaba en lo alto una campana y veleta, o la de Vicente Polit que tenía arriba de su entrada un gran escudo de Valencia y más arriba una bandera.

 

La rigurosa separación de sexos continuaba. De las destinadas a los hombres nos quedaron títulos, algunos evocadores y otros extravagantes, como: El Pelut, El Nano, El Fregit, El Bort, El Caragol, y para las mujeres: La Sabata, La Creueta, La Gàbia, El Titot… Los títulos evocadores con los que se les bautizó estaban puestos en la parte superior de la entrada. Otros que fueron conocidos eran Rosaura, El Globo, La Gloria, La Esfera, El Avión, La Mariblanca, La Palma, La Estrella, El Sol, La Luna, Florida, La Monkilí, o La Valenciana.

 

A la puerta de cada establecimiento se ponían a las barraqueras y barraqueros, pregonando las excelencias del establecimiento para así arrebatarse mutuamente a los parroquianos. Por ejemplo, era común pagar dos cuartos por el alquiler de una habitación, y algo más si por ejemplo necesitaba unos calzones para el baño. Estos precios económicos permitieron a las clases modestas acceder a un pequeño disfrute en el verano.

 

Al finalizar el verano, el propietario recogía los escasos muebles que había en el interior y desmontaba su barraqueta hasta la temporada siguiente. Vicente Blasco Ibáñez en su novela Flor de mayo describe este fenómeno como otra ciudad efímera “de quita y pon”. El resto del año, esta zona estaba olvidada.

 

Con el paso del tiempo y la construcción de los balnearios más pomposos, las barraquetes cayeron en desgracia y consideradas indecentes. A finales del siglo XIX existían registradas como casas de baños de mar alrededor de cincuenta. Después fueron sustituidos por los merenderos y restaurantes.

 

Solaz Albert, Rafael (2006): El Marítim. Paseo costumbrista a través de antiguas tarjetas postales.

lunes, 18 de junio de 2018

Justo Vilar


JUSTO VILAR
Por Javier Mozas

Justo Vilar David nació en la localidad valenciana de Manises el 17 de julio del año 1871, siendo el mayor de los hijos. Estudió el Bachillerato en las Escuelas Pías de Valencia, y posteriormente se trasladó a Madrid para estudiar la Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos en la Universidad donde obtuvo el título universitario en el año 1895.
De regreso a Valencia, pasó por varios trabajos como ingeniero de obras en el tramo del Júcar del ferrocarril de Valencia a Villanueva de Castellón, en el canal de Aragón y Cataluña, o en el puerto de Melilla.
Su último destino fue el Puerto de Valencia, donde entró en 1900 como ingeniero auxiliar en la dirección de las obras. Ocupó de manera coyuntural el puesto de director interino, siendo nombrado Ingeniero Director de dichas obras en el año 1933. A consecuencia de la Guerra Civil, varios edificios, instalaciones y muelles sufrieron daños, por lo que, como director de la Junta de Obras, reconstruyó todo lo necesario. Además empezó las obras del espigón y muelle del Turia. Dicho puesto de Ingeniero Director del Puerto se jubiló el 17 de julio de 1941.
Formó parte de la Comisión Interministerial Pro Aeropuerto de Valencia, y elegido teniente de Alcalde de Valencia, ocupando la Presidencia en la Comisión de Fomento.
Además, su vida estuvo fuertemente impregnada de la religión cristiana. Fue fundador de la Rama de Hombres de Acción Católica, vocal de la Junta Diocesana y de las Conferencias de San Vicente de Paúl. Tanto sus hijos como su hermano siguieron sus pasos en la vida cristiana: su hija Amparo ingresó como religiosa, su hijo Vicente fue ordenado sacerdote, y su hermano Vicente fue beatificado por Juan Pablo II.
Justo Vilar falleció en Valencia el 2 de noviembre de 1947.
El Ayuntamiento de Valencia le dedicó el 24 de abril de 1959 la calle que se llamaba Travesía del Mar, en el Distrito Marítimo, cerca del Puerto de Valencia, donde trabajo gran parte de su vida.

Bibliografía:
Domínguez Barberá, Martín (1964): Testigo en el camino. Vida de Don Justo Vilar David.
Llin Cháfer, Arturo: Modelos de Vida Cristiana. Justo Vilar. Pp. 277 y 278

lunes, 28 de mayo de 2018

Botánico Félix Robillard


BOTÁNICO FÉLIX ROBILLARD

(por Rafael Solaz)



El origen del nombre de nuestro barrio de la Malvarrosa está íntimamente ligado a Jean Félix Robillard Closier, un francés asentado en Valencia que poseía unos viveros en esta zona destinados a perfumerías.

Robillard nació en el año 1812 en la localidad francesa de Auneuil (Oise).  Estudió jardinería y botánica en París, coincidiendo con nuestro botánico Cavanilles. Consiguió el puesto de jardinero jefe de los Campos Elíseos en la capital gala. También tenía montada una fábrica que cultivaba plantas de estufa, sericultura, coníferas y otras destinadas a esencias.




Fue contratado en el año 1848 por la Universidad de Valencia para ocupar el puesto de Jardinero Mayor del Jardín Botánico, reordenándolo y diseñando los invernaderos. Difundió en varias publicaciones las novedades de la horticultura, botánica y sericultura, así como en exposiciones y congresos, cuyo trabajo fue reconocido con varias medallas y diplomas a nivel nacional e internacional.

Pocos años después, en 1856, compra una alquería en el camino de la Malvarrosa junto a la estación de tren La Cadena —actual calle de San Rafael, cerca del cruce con Río Tajo—, y unos amplios terrenos con una superficie equivalente a más de treinta campos de fútbol situados a caballo entre los antiguos términos municipales de Alboraya y Poble Nou de la Mar (en el límite norte del poblado del Cabanyal).
La zona era marjal, así que la primera tarea fue desecar toda la superficie y estableció en ella un vivero de horticultura con fuentes e invernaderos en donde plantó hierbas aromáticas y flores. Pero sobre todo, se dedicó al cultivo a escala industrial de la planta conocida como Malvarrosa, un geranio de origen africano cuyo nombre científico es pelargonium capitatum, oloroso, capaz de absorber la humedad del terreno, y conocida para elaborar perfumes y esencias.

Aprovechó una antigua fundición que había entre la actual plaza de Vera y la avenida de la Malvarrosa para instalar una fábrica de elaboración de perfumes y esencias, cuya empresa había nacido en el año 1860 bajo el nombre Robillard y Compañía. Producía esencias de verbena, artemisia, nardos y aceite de almendras entre otros. Pero sobre todo destacó por el perfume Malvarrosa, extraído del geranio, exportado con éxito incluso a la vecina Francia.

En el año 1872 amplió el negocio instalando una fábrica de jabones de tocador en un edificio de la plaza del Mercado del Poble Nou del Mar. De esta fábrica salieron en los años treinta del siglo siguiente varios productos relacionados con el aseo, como colonias, polvos, brillantinas, lociones, dentífricos, jabones, y polvos de talco como los reconocidos Olympia y el Polvo Seductor.







Diez años más tarde, su hijo Julio heredará ambas fábricas bajo el nombre de Viuda e Hijos de Félix Robillard a la muerte de su padre en el año 1888. Pocos años después compraron el Jardín de Roca, en la calle Alboraya, para ampliar sus cultivos y producción. Poseían tiendas en las plazas de Cajeros nº 66 y Mariano Benlliure nº 9, así como en la calle de San Vicente nº 19. Luego pasó a la calle Puerto Rico nº 5-9.

En resumen, Félix Robillard realizó una amplia plantación de la malvarrosa, dando nombre a la zona y en la actualidad al barrio, además de convertir el amplio espacio en un inmenso jardín. Además de ser el primero en instalar una fábrica de esencias en España, y la primera de jabones de tocador en Valencia, siendo proveedor de la Casa Real. Y también cuidó de nuestro Jardín Botánico. Tiene dedicada desde 2010 una plaza cerca de su residencia inicial en la Malvarrosa.


Para ampliar más sobre Félix Robillard:

Solaz Albert, Rafael (2006): El Marítim. Paseo costumbrista a través de antiguas tarjetas postales.

Sanchis Pallarés, Antonio (1994): Historia de la Malvarrosa (nacida del agua)